domingo, 2 de diciembre de 2012

REGOCIJO OPOSITOR

Columna de Opinión del periodista Jorge Elorza para el Periódico Virtual
El odio es un componente en la política argentina. Odiar al adversario o a quien no piensa igual es un componente cultural retrógrado y totalitario: niego al otro porque no piensa lo mismo que yo. Y por lo mismo niega al pensamiento.


“Viva el cáncer” fue el slogan estampado en paredes y árboles cuando trascendió que Eva Duarte de Perón era consumida por esa enfermedad, en los primeros días de 1952. La oposición no mostró contemplaciones. Lo vociferó incluso al salir de cada misa, donde presuntamente había rogado por el bien todos, como lo indica el Evangelio.
La negación de lo predicado no solo descalifica el ruego, sino incluso la creencia.

Estos días se evidencia ese proceder con el fallo –por ahora suspendido- del juez norteamericano Thomas Griesa, que obligaba al gobierno argentino pagar deudas a quienes se negaron ingresar al canje, reclamando la totalidad de las sumas a los fondos especulativos buitres. La Cámara de Nueva York congeló ese requerimiento impulsado por el juez, que parece no tener sentido de la realidad económica internacional: seguramente no hubiera intentado obligar al gobierno de EE.UU.-la nación más endeudada del mundo- a cumplir con sus deudas internacionales, como lo hizo con la Argentina. EE.UU. controla los organismos internacionales de crédito. Esa es la respuesta: lo internacional -de todos- responde en el caso a lo nacional, de una parte. Los neoliberales y conservadores folclóricos se someten a ese dominio imperial, incluso algunos que se autotitulan nacionalistas.
Pero en la Argentina estalló el regocijo entre medios de comunicación pública, políticos, economistas y ex funcionarios: el metamensaje implícito fue bajarle el copete a Cristina, pretendiendo que se sometiera al dictamen de un juez extranjero, renunciar a la soberanía nacional, que significa someterse a los jueces naturales. No es casual que esos deseosos y críticos del gobierno no se quejaron cuando el binomio Menem-Cavallo sometió a jurisdicción extranjera los conflictos hipotéticos que se plantearan en el marco de los créditos rogados a los del Norte. La Nación hizo punta seguida por Clarín, El Cronista (diario de De Narváez), Perfil, que es seguidor de los grandes pese al mal trato que le dieron con Papel Prensa y el elenco estable neoliberal. Pero la anciana La Nación fue más lejos: habló de obligación moral con los usureros internacionales. Dos páginas más adelante defendía con fervor al empresario Carlos Blaquier, procesado actualmente por crímenes de lesa humanidad. Hay empresarios, como hubo militares, que son más peligrosos para sus compatriotas que para sus enemigos, sentenció el gran Borges.
Pero el actual gobierno carga una responsabilidad: anular la dependencia judicial extranjera.
La clase dominante argentina, gran parte de la clase media y otras derivaciones sociales menos estridentes, son internacionalistas al revés: se identifican con el capitalismo imperialista y al mismo tiempo repudian los movimientos de liberación nacionales. Con contradicciones el peronismo representa esa tendencia en la Argentina y, desde lo cívico, lo fue el radicalismo gregario, hoy adherido a corrientes conservadoras.
La etapa imperialista del capitalismo se expresa en el presente en la financiarización. Las grandes ganancias de los prestamistas,los organismos financieros, los gobiernos del Atlántico Norte radican en el endeudamiento de los otros, haciendo prevalecer las finanzas a la producción. Los bienes de usos transables están subordinados a la especulación.

Diciembre 2012-
Canono Elorza.